Todos los caminos me llevan a tu espiral y me encanta...
La belleza te retrató y desde entonces cuelga de ti. Tú ya siempre tendrás la llave para liberarla...
Esa mirilla de tu ojo azul me tiene encerrado...
Un día salió el sol. No era un sol cualquiera. Era luminoso, ardiente de colores y, lo más importante, era tuyo...
Y el color y la alegría me estalló en el pecho...
Me encantaría echarte el lazo...
Ponte la máscara y sé tú mismo...
Rápido. Ya es la hora. Trae tu espada y ven a liberarme. Ah, y no te olvides de las mariposas...